En una esquina de mi barrio hay una tienda que vende pastillas para olvidar. Los vecinos aseveran que su efecto prolifera, pero yo, no las quise ni probar. Pastillitas del olvido tengan el recuerdo vivo de esa mañana que lo vi sonreír. Yo te espero todavía. Yo creo que el olvido es una fantasía. Y así destinada a padecerte, sigo loca como siempre, inventando lo que sea para verte.
En un rincón de mi memoria sobran noches de tristeza, poca gloria y soledad. Y en el hueco de los años mas dorados, caben tus ojos prestados y un adiós para olvidar.

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